De forma apresurada y sin consulta, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley 1264, Ley de Zonas Económicas Especiales (ZEE) de la Franja y de la Ruta. Con ella, la dictadura Ortega Murillo desarrolla la disposición del artículo 161 de la Constitución que entró en vigencia a inicios del año, adecuándola a la política china de la nueva Ruta de la Seda, con la que expande su ofensiva geopolítica para afianzarse como potencia económica rectora del comercio mundial enfrentada a Estados Unidos.
Tras su publicación en el diario oficial, los Ortega Murillo, a través de su hijo Laureano, aprovecharon su alianza estratégica con China para invitar a empresas de ese país a utilizar la que llaman, nueva herramienta para atraer inversiones; y que según ellos dinamizará el comercio y la generación de empleos.
Esto ocurre mientras, por el incumplimiento reiterado del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, conocido como DR-CAFTA, Nicaragua está en riesgo de perder los beneficios del convenio, o que le impongan aranceles de hasta 100 por ciento a los productos que exporta a Estados Unidos, mercado que históricamente compra más del 50 % de las exportaciones totales.
Para tratar de compensar el daño que generará perder ese mercado, como consecuencia del manejo de las relaciones comerciales con Estados Unidos, la dictadura les ofrece a los chinos todo tipo de exoneraciones impositivas y otros beneficios, para intentar sustituir con ellos a su principal socio comercial.

Los beneficios de las ZEE
Los beneficios de las ZEE se suman a los del Tratado de Libre Comercio (TLC), vigente desde enero del 2024, y que sólo garantiza mercado para menos del 2 por ciento de las exportaciones totales. Pero ha elevado el déficit comercial ya que las importaciones de China ya representan el 16 % del total.
La economía se rige bajo sus propias reglas, que rechazan con terquedad los acomodos por intereses geopolíticos ajenos al mercado. Esta es una lección que los Ortega Murillo aprendieron en los años 80, pero parecen haber olvidado para manipular la opinión nacional, haciendo creer que son capaces de resolver las crisis que genera su permanencia en el poder a cualquier costo.
Los chinos han sustentado su crecimiento en un modelo de producción a gran escala dirigido a la exportación, que requiere la importación mínima de insumos. Este alto sesgo anti-importador también es soportado por la reducida capacidad de consumo de la población, que está por debajo de la media mundial, realidad que no es muy halagadora para los propósitos de la dictadura. Más aún, cuando reempaquetar productos chinos para enviarlos al mercado estadounidense, además del riesgo legal que implica, requiere la apertura de ese mercado mediante el DR-CAFTA.
Las experiencias de África y América Latina con las ZEE no son tan satisfactorias como los países esperaban; y son un nuevo tipo de colonialismo, porque funcionan como auténticos enclaves, separados de la soberanía nacional y administrados por empresas de la nueva potencia mundial.

Las ZEE generan graves riesgos
Ante la falta de regulación nacional, las ZEE generan graves riesgos sociales, ambientales y de dependencia económica. Contratan poca mano de obra local porque llevan de su país casi la totalidad del talento administrativo y técnico que requieren, limitando la transferencia de tecnología. Además, pagan salarios bajos, ofrecen condiciones laborales precarias y no generan ingresos fiscales que son sustituidos por coimas.
Adicionalmente, las ZEE incrementan el riesgo de una relación de dependencia estructural donde la totalidad de las decisiones se toman en Pekín, debilitando la soberanía política pero también la económica de las naciones involucradas en estos proyectos.
Los procesos de negociación entre gobiernos y empresas chinas, propician prácticas corruptas y sin transparencia. Las comunidades locales no participan en las consultas, ni en la toma de decisiones, ni reciben beneficios de estos proyectos que solamente pueden observar de lejos.
A la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN), le preocupa que Nicaragua caiga en la trampa de la deuda china que se genera con la instalación de sus enclaves como ocurrió en Ecuador, Zambia o Sri Lanka, que eleva tanto el endeudamiento, que en algunos casos han requerido del rescate del Banco Mundial (BM) o del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los Ortega Murillo presentan a China como el prestamista ideal para sustituir a las Instituciones Financieras Internacionales (IFI). La deuda de Nicaragua con ese país ya supera los 1,200 millones de dólares, pero las ventajas solamente son para los integrantes del círculo de poder y los que se asociación con ellos; y si ahora les entregan los enclaves que demandan, esa deuda seguirá creciendo e hipotecando el futuro de los nicaragüenses.
ZEE: espejismos chinos y la diplomacia de la deuda

Como un conejo sacado del sombrero de un mago, la dictadura Ortega Murillo mostró su más reciente acto de ilusionismo: las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Atrás quedaron el satélite de telecomunicaciones, la refinería Supremo Sueño de Bolívar, y el faraónico Gran Canal Interoceánico, que según los planes originales debería estar en su sexto año de operaciones.
Además de la poca probabilidad de que las ZEE se materialicen, queda en duda si ayudarían a resolver los problemas más agobiantes de los nicaragüenses. Sobre todo, las entregadas a empresarios chinos, contribuirán poco o nada a generar empleos y fuentes sostenibles de ingresos que constituyen de lejos, las más apremiantes necesidades de los nicaragüenses.
Las ZEE son el eje principal del desarrollo de China, pero no pueden funcionar en Nicaragua por la ausencia de las condiciones que en algunos países garantizaron su éxito.
Los chinos comprendieron que su economía centralizada, no generaría el crecimiento que demandaba su población. Copiando a otros países asiáticos, China adoptó una agresiva política de atracción de inversiones, basada en incentivos a la inversión extranjera, que ofrecía un ambiente de negocios propicio, con reglas claras, estables y de respeto a la propiedad privada, siempre y cuando fuese compartida con el Partido Comunista. Promovió la apertura de los mercados, la inversión en alta tecnología y aprovechó la abundante mano de obra barata que tenía en ese momento.
Nicaragua no ofrece esas condiciones, y ningún inversionista serio se establecerá en un país donde las reglas, incluso la Constitución, cambian constantemente, confiscan propiedades y no existe Estado de derecho.

ZEE fuera de China
Con sus acciones, la dictadura está cerrando puertas comerciales y las inversiones en alta tecnología se están dirigiendo a lugares más seguros con los que Nicaragua no puede competir por falta de condiciones. Los que quizás llegarán a Nicaragua son inversionistas chinos, como los que están esparcidos por todo el mundo, que han generado resultados muy negativos.
Una característica común de las ZEE que funcionan fuera de China, pero están controladas por ellos, es el aislamiento del enclave con la economía local. Importan de China la mano de obra y todo lo necesario para operar. La contratación de trabajadores locales y la interconexión con el país huésped es casi inexistente.
Pero lo más preocupante es la desigualdad que generarán. Mientras los inversionistas locales enfrentan acoso fiscal por parte de la Dirección General de Ingresos (DGI) y la Dirección General de Servicios Aduaneros (DGA) que imponen reparos millonarios y dudas de valor excesivas, los inversionistas chinos gozarán de exoneración plena. Mientras los pequeños, medianos o grandes empresarios nicaragüenses retendrán el IVA que cobren a sus clientes y paguen el Impuesto sobre la Renta (IR), los chinos no tendrán esos compromisos fiscales.
Los dueños de negocios locales pagarán la energía más cara de Centroamérica, y a los chinos se las subsidiarán, y hasta tendrán a disposición terrenos públicos para establecer sus negocios, mientras los locales los tendrán que comprar a precio de mercado y pagar los impuestos respectivos. Además de la injusticia que acarrea esta discriminación, introduce distorsiones a la economía, al generar reglas desiguales para los empresarios que deberían tratarlos sin sesgo ni exclusión.

ZEE no resolverán los problemas
Las ZEE generarán menos beneficios que los anunciados por funcionarios de la dictadura, que auguran tasas de crecimiento de hasta 8 % anual; proyección que dista mucho de la realidad y del actual crecimiento generado por el buen desempeño de las exportaciones y las remesas familiares, variables cuya sostenibilidad futura está en riesgo.
Además, de concretarse el cierre del mercado estadounidense, por las restrictivas reglas de origen, las ZEE no podrán convertirse en plataformas para exportar productos chinos y tendrán que buscar otros mercados.
También acarrearán los mismos costos asociados con las intervenciones chinas, que son el alto endeudamiento producto de su diplomacia de la deuda, daños ambientales y abusos laborales.
La Concertación Democrática Nicaragüense (CDN), considera que Nicaragua, para prosperar, necesita mucho más que el espejismo mágico de unas ZEE que no son otra cosa que zonas francas de grandes dimensiones. En la historia de las naciones desarrolladas ha quedado demostrado que lo lograron mediante procesos de creación de leyes y reglas claras, predecibles, estables e iguales para todos, sin discriminación económica ni sesgos de ninguna índole, con transparencia y atacando la corrupción.
Para que Nicaragua prospere, hay que invertir en educación de calidad, para tener personas altamente capacitadas y productivas, que puedan acceder a empleos y salarios de calidad. Pero también es indispensable que haya irrestricto respeto a los derechos, de propiedad, individuales, políticos y sociales. Pero en estos momentos en Nicaragua no se cumple ninguna de estas condiciones, por tanto, no existe ninguna posibilidad de que las ZEE ayuden a resolver los graves problemas que enfrentan los nicaragüenses.
