Escuchar a Daniel Ortega referirse a la extraordinaria relación que tiene con China se ha convertido en una muletilla. Uno piensa, qué beneficio obtiene el pueblo nicaragüense con esa alianza. Pero al mejor estilo del buen político de la vieja usanza, lo que dice son sólo palabras que pretenden vender una mentira que de tanto repetirla, se convierta en realidad.
Según Laureano Ortega esta relación que su papá, Daniel Ortega define como extraordinaria, está basada en tres pilares: la agencia china para el desarrollo, la promoción de comercio e inversiones y proyectos estratégicos con grandes empresas.
Analizando cada uno de esos pilares y tomando en cuenta lo ocurrido en el transcurso del año, determinaremos qué ha ganado el pueblo y a qué costo.
Con el primer pilar, la compañía China State Construction Engineering Corporation entregó la primera fase del proyecto Nuevas Victorias, de 920 casas de una planta y dos cuartos construidas en Managua bajo un acuerdo de cooperación no reembolsable.
Pero lo que debió ser una donación para 920 familias, se convirtió en un negocio del que los Ortega Murillo están sacando provecho al vender las casas; negocio que además hace competencia desleal a los urbanizadores privados.
Algo similar ocurre con los 100 buses donados por China que vendieron a Cooperativas de Transporte, pero aquí el negocio es más grande. Este año además de esas unidades que ya recibieron, firmaron un contrato para comprar 548 buses que cuestan unos 50 millones de dólares.

Los buses chinos
Estas contrataciones carecen de transparencia, los Ortega Murillo deciden qué compran, dónde y a qué costo; y obviamente no se sabe qué sobrecosto cobran para beneficio propio. Con este contrato, llega a 2,500 la cantidad de autobuses chinos que el país adquiere para venderlos a las Cooperativas.
Una tercera donación que sí se concretó es la de 20 motocicletas para la Policía orteguista, que las recibió sin tener que comprarlas. Obviamente a su aparato represor no le cobran.
Con el segundo pilar es importante destacar que entre enero y mayo las importaciones chinas redondean unos 783 millones de dólares y las exportaciones sólo 69 millones de dólares. Es decir, el país le compra a China 11 veces más de lo que le vende, esto refleja un desproporcionado superávit comercial a favor de China. En cambio, con Estados Unidos es al revés, Nicaragua le vende 8 veces más de lo que le compra.
Además, las importaciones chinas pasaron de representar en 2006, cerca del 7 por ciento del al 19 por ciento del total en 2024, están casi al mismo nivel de las estadounidenses. Esto pone en riesgo la relación con Estados Unidos, que es nuestro principal socio comercial, porque los negocios con China se hacen en franca competencia desleal con empresas americanas y occidentales, cuyos productos son desplazados por chinos, en su mayoría de baja calidad.
Más grave aún, es que el crecimiento de las importaciones chinas ha provocado la proliferación de negocios de todo tipo y productos, que compiten con los nicaragüenses. Como resultado, a punta de billetes y/o amenazas, los comerciantes nicaragüenses están siendo devorados y desplazados por los chinos, que cuentan con el respaldo de la dictadura, por tanto, dejan sin posibilidad de defensa jurídica a los nicaragüenses.

Concesiones mineras y telecomunicaciones
En este mismo ámbito, entre mayo y septiembre los chinos recibieron casi 20 concesiones mineras por más de 300,000 hectáreas; y en total, en los últimos dos años les otorgaron alrededor de 30 concesiones por más de 3 millones de hectáreas.
Igual que los comerciantes, los mineros artesanales nicaragüenses no pueden defenderse de las empresas chinas que los están desplazando.
Con el tercer pilar, este año firmaron contratos para desarrollar un proyecto de conectividad digital; para instalar y manejar un centro logístico en el puerto Corinto; para suministrar equipo y tecnología militar al Ejército; y el ya mencionado para la compra de autobuses y otra maquinaria.
Ninguno de estos contratos pasa por el proceso de licitación pública; son totalmente carentes de transparencia y, por tanto, proclives a la corrupción; y varios de ellos hacen competencia desleal a las empresas privadas que proveen los mismos productos o servicios.
Con el proyecto de conectividad digital, crearon un tercer competidor estatal de telefonía móvil, que de manera descarada utilizará la infraestructura de las empresas privadas que ofrecen el servicio.
Es oportuno señalar que recientemente expropiaron a varias familias para desarrollar el centro logístico en el puerto Corinto.
Según estos resultados, para la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN), lo que Daniel Ortega define como una relación extraordinaria, no es más que espejitos chinos para los nicaragüenses que resultan en donaciones que son vendidas, comerciantes desplazados, productos de mala calidad, poca generación de empleo, expropiaciones y desplazamiento de comunidades, endeudamiento a tasas altas, operaciones sin transparencia y la contracción del sector privado.
Además, ponen en riesgo las relaciones con nuestro principal socio comercial, Estados Unidos y los únicos ganadores en lo político y lo económico son los Ortega Murillo.
La otra cara de Nicaragua: turismo entre belleza natural y represión política

Con frecuencia Nicaragua aparece en revistas de viajes internacionales en las que lo recomiendan como un destino irresistible con playas vírgenes, volcanes imponentes, arquitectura colonial y una cultura vibrante, que atrae a viajeros de todo el mundo y los motiva a visitar el país. Esos atractivos naturales, culturales e históricos, si bien son destacables presentan sólo algunos aspectos de la realidad de Nicaragua.
Lo que muchos de esos reportajes omiten es que Nicaragua vive bajo un régimen totalitario, encabezado por los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, que han desmantelado las libertades públicas, la institucionalidad democrática y el Estado de derecho. Persiguen, encarcelan y desnacionalizan a toda persona que consideran opositora; torturan y asesinan a prisioneros políticos; cierran los medios de comunicación independiente; y controlan con mano férrea la narrativa sobre la realidad del país.
Los dictadores han convertido el turismo en un escaparate cuidadosamente gestionado y hábilmente manipulado. Sólo le permiten ingresar al país a ciertos influencers y medios de comunicación afines o contratados, para que muestren una postal idílica, mientras silencian la voz de quienes sufren la cotidiana represión.
Este contraste plantea una pregunta ética inevitable, qué responsabilidad tienen los medios de comunicación internacionales, al recomendar un destino dónde la belleza natural convive con graves violaciones a los derechos humanos, bajo un régimen de terror impuesto a la población.

Desinforman a los viajeros
Las personas y medios de comunicación que promocionan a la dictadura Ortega Murillo, sin presentar la totalidad del panorama, desinforman a los viajeros, y corren el riesgo de contribuir a blanquear a una dictadura, que utiliza el turismo como herramienta de legitimación. Además, exponen a graves riesgos a los viajeros, que por recomendación de ellos visitan la tierra de lagos y volcanes.
Además, desatienden las alertas de seguridad que han emitido algunos gobiernos, que aconsejan a sus ciudadanos abstenerse de viajar a Nicaragua, por los riesgos que enfrentan dentro de su territorio.
El desafío no está en ignorar la belleza y otros atractivos del país, sino en reflejar su realidad de forma completa. Un periodismo de viajes responsable debe incluir en sus publicaciones, las historias de las víctimas de la represión, de la diáspora y del exilio. También las de los empresarios confiscados y las de una sociedad que lucha por mantener viva su identidad, su libertad y su dignidad.
Sus reportes incluso, deben destacar que a muchos ciudadanos extranjeros que deciden visitar Nicaragua les impiden abordar sus vuelos, porque la dictadura le ordena a las aerolíneas que les vendieron los boletos, no trasladarlos; en estos casos los afectados no pueden recuperar el costo de sus pasajes. Esta es una medida que afecta de forma generalizada a los opositores que tuvieron que exiliarse a partir de la crisis de 2018, pero que cada vez con más frecuencia se replica con visitantes extranjeros. Sólo incluyendo todos estos aspectos de la realidad el periodismo de viajes, puede ser un vehículo de conciencia y no de propaganda.

No se dejen engañar
Para la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN), es fundamental que los gobiernos, las organizaciones internacionales y los distintos actores globales no se dejen engañar por esta imagen sesgada que algunos medios especializados difunden sobre Nicaragua. Esa visión parcial no responde a la realidad y puede contribuir a que se tomen decisiones equivocadas, en algunos casos con consecuencias graves para los lectores.
Además, distorsiona la imagen del país, resta el interés de la comunidad internacional por la restauración de la democracia; y provoca que olviden la corresponsabilidad internacional que tienen en la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de justicia para las víctimas.
Nicaragua merece ser vista en toda su complejidad con su gente abierta, amigable, solidaria y alegre, pero esto sólo es posible si sus ciudadanos gozan de libertad, no mientras sigan sometidos a una de las dictaduras más crueles del continente americano. Ignorar su realidad es darles a los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo exactamente lo que buscan, legitimidad internacional sin rendir cuentas por sus crímenes de lesa humanidad.
Así lo entiende el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio que, en su mensaje del 15 de septiembre en ocasión del aniversario de la Independencia de Nicaragua, reafirmó que su país seguirá apoyando las demandas de los nicaragüenses por una Nicaragua libre, justa y democrática, para que podamos vivir de nuevo sin temor a la persecución o las represalias.
